Sunday, October 08, 2006

“Yo estoy interesado en opciones que van más allá de eso”

Guillermo Van aprendió el sentido del evangelio con la gente y para la gente. Su cabello plateado y ojos azulados dicen poco de lo mucho que ha luchado. Ha sido defensor de los derechos sindicales de los obreros y actualmente defensor de la cultura warao por 8 años en el relleno sanitario de Ciudad Guayana, Cambalache. Reside en los adentros del barrio Buenaventura en San Felix, donde usualmente nos reunimos. Una tarde me contó esto.

La mayoría de las personas no son capaces de escuchar. Como humanos siempre tenemos un filtro, sólo escuchamos lo que deseamos escuchar, pero al final, después de quitar el filtro, aceptas que eres igual a otros. Nosotros nos hemos reubicado con la gente – Calama-. Descubrir la dignidad humana no se hace a través de la palabra sino se siente. Cuando entras en el mundo obrero, allí descubres la vida.

Aprendí que los pobres deben sentirse en casa en la iglesia, por eso la iglesia debe abrirse. Nosotros trabajamos perteneciendo a la iglesia, nunca me he salido. El evangelio exige mucho más, que te acerques a la gente, pero amar significa incorporarte. Yo estoy interesado en opciones que van más allá de eso. Me decidí por opciones que están más cerca de la gente, lo que implica trabajar y vivir como ellos sin pensiones que te garanticen estabilidad.

Yo me hice sacerdote en la congregación Sagrado Corazón de Jesús, porque mi tío estaba en eso y yo lo seguí. Desde Holanda nos enviaron a Chile en tiempos de Allende. Descubrí en la familia de un comunista que todo esto se trataba de algo más. Ellos vivían en ese pueblo, en Calama, de sacar piedras del río. A mí me encargaron de una parroquia y como siempre, los domingos iba a dar la misa. Un día este señor me agarró y me dijo: “muy bonito, tú tienes todo asegurado, la comida caliente y piensas venir aquí a darnos algo, yo te propongo que este domingo nos unamos todos para construir el puente”. Él se refería al puente que había que cruzar sobre el río, que eran unas pequeñas tablas, ya casi todos los niños cuando iban al colegio habían caído al río, y cuando había un enfermo era muy difícil salir. En fin que acepté la propuesta, y el domingo todas las iglesias que por lo general acostumbrábamos a pelearnos por los “discípulos” trabajamos juntos sudando todo el día batiendo cemento. Y construimos el puente.

Poco a poco me di cuenta de la verdadera necesidad. Un día tuve que bautizar a un niño que tenía dos días de muerto, y esa vaina olía terrible pero no se podía enterrar sin bautizar. Tu sabes la gente con sus creencias… y yo, pues me habían enseñado para cumplir. Aquello que olía horrible estaba adornado con flores, angelitos todas esas cosas que la gente pone. Y yo celebré el bautizo, toda la gente con la ropa y después la fiesta como si no pasara nada. Más tarde se lo llevaron en un cajón para enterrarlo. Yo vi tantas cosas… hasta en el mismo templo de la parroquia que eran grandota. Cada semana había que bautizar niños y celebrar matrimonios, te vuelves un autómata donde metes moneda y obtienes sacramento. Allí mi rebeldía fue creciendo poco a poco. Llamé al obispo y le dije que no iba a celebrar más nada, y que si él quería se encargara él.

Era la época de Allende, donde había demasiada hipocresía por parte de la derecha, igualito que aquí. A mi parroquia iba un general y pasaba con su señora con aquellos sombreros, mostrando la ropa paseaban por toda la iglesia y se sentaban frente al altar. Yo ya estaba arrecho con el general y un día le dije que respetara la iglesia, que allá la gente iba era a adorar no para ser adorados. Él se puso rojo y unas mujeres hasta lloraron porque el padre se estaba metiendo en política. Era absurdo porque todo el ambiente era político. Al terminar la misa me dijeron que él me estaba esperando afuera, como buen macho con su carro a unos pocos metros de él. Él era latifundista, casi todos sus obreros vivían en barracas. Me dijo: “te voy a sacar del país, tú no eres un cura” yo le dije “menos mal que no eres del gobierno”. Me repitió “usted se ha metido en mi vida y eso no lo acepto” yo le dije: “entonces para qué vienes a la iglesia”. Le propuse que trabajáramos en su latifundio, igual que los demás y así aprender a amar al otro. Se quedó callado, se fue y se acabó el alboroto.

Entonces mis compañeros y yo construimos una barraca, fuimos a buscar trabajo a ganarnos el pan como todo el mundo, renunciamos a las funciones sacerdotales por así decirlo. Nos hicimos obreros. Años después me mandaron para Venezuela, aquí siempre he trabajado de obrero en las empresas básicas y ahora estoy jubilado.

Hace dos años volví a Chile porque mi hermano cumplía 25 años de casado. Ubiqué el barrio donde nosotros vivíamos. Fuimos a saludar a la gente después de 33 años y me recocieron, esa es gente que sí sabe hacerte saber que te aman. Entré a la casa y había una cosa curiosa. Una señora, amiga mía, me agarró a besos, abrazos y todo, pero a ella no le servía un brazo. Empezó a gritar: “si me sirve si me sirve”, yo me reí mucho y le dije: “pa’ que veas chica anda a hacer café”. Ellos pensaban que yo había muerto por como había desaparecido. Me contaron su historia, 17 años durante la dictadura de Pinochet sin trabajo nada más por ser allendistas.

En Chile descubrí como amar un pueblo. Uno como cura está formado para predicar no para amar, entonces te conviertes en un funcionario más.

Yo pienso que si hay tanto que decir en la iglesia, eso hay que vivirlo no predicarlo. Esta gente sabe mucho más del evangelio que los que la predican.

1 comment:

  1. jochen van agathos10:32 AM

    supongo que de este escrito podrían decirse miles de cosas,sin embargo no me apetece ahora y además estoy medio en blanco o no sé exacatamente por donde me rondan los pensamientos,lo que si dejarte una pregunta,te importa si dejo está dirección junto a las otras que muestro en el msn?otra gente podría aprender de lo que aparece por aquí.

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