Thursday, March 29, 2007

La hora que transcurre de 6 a 7 de la mañana es un letargo provechoso. Después de desdoblar las sábanas y tropezar con el desorden, vamos a paso lento – papá y yo - en el malibú azul de asientos desgastados, lentamente calentando el motor a pocas cuadras. El sol, apenas sospechoso entre las nubes, se estrella en afinados rayos que traspasan el horizonte coloreándolo de naranja y rosado. No molesta el dióxido de carbono ni el ronroneo del motor que nos coloca a brinco. Estoy aletargada con la quijada sobre la ventana, observando al pregonero que aun se duerme sentado en la isla con la pila de diarios sobre las piernas, al vecino que siempre espera con su camiseta verde debajo del poste cuando pasa el transporte, al perro muerto recubierto con cal, al otro perro que cae más adelante, a la señora de edad que modela en el rayado su esbelto y cultivado cuerpo, la niña apresurada que se escapa de las manos y cruza la calle con su camiseta blanca; al chevette rojo que atraviesa en rojo el semáforo a diario.

La extraña precaución de la prisa, la cautela del día.

Comenzar, comenzar sin ti en primer plano, sin la nostalgia del fin de semana lanzados en el sofá, sin discutir por lo mucho que me tardé. Hace mucho que no amaneces en la pantalla del teléfono, hace más o menos que nuestra costumbre no nos molesta demasiado. Y hay miles de atajos para llegar al destino, girar la rutina con fe en el motivo, sopesar los espacios, conservarte porque – sin duda – este es un contrato con muchas excusas y demasiado amor encapsulado.

3 comments:

  1. nel, otra historia q publicaria en un libro. mucha verdad encerrada en tus letras.

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  2. Precioso Nelke. Hacía tiempo que no te leía.

    Besos

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  3. Nelke
    me terminaste de arruinar el día!!
    qué maravilla.

    Y estoy pensando en este lunes, los odio desde siempre y si supiera esscribir HOY, esta noche, escribiría esto!!! aunque creo que ya no tanto amor encapsulado.

    Comenzar, comenzar sin ti en primer plano, sin la nostalgia del fin de semana lanzados en el sofá, sin discutir por lo mucho que me tardé. Hace mucho que no amaneces en la pantalla del teléfono, hace más o menos que nuestra costumbre no nos molesta demasiado. Y hay miles de atajos para llegar al destino, girar la rutina con fe en el motivo, sopesar los espacios, conservarte porque – sin duda – este es un contrato con muchas excusas y demasiado amor encapsulado.

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