Sunday, August 17, 2008

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Foto Henry Ortega

Dios pone sus miguitas de pan en el camino y, entonces, de vez en vez salta uno que otro fruto exquisito en el tránsito y los sentimientos se bifurcan. A veces me salta una seguridad increíble en lo acertado de este sendero que pasea por caminos boscosos y áridos. De pronto, tengo dos y tres caminos para el servicio, el único llamado del que realmente estoy segura. Estar y no estar es un terreno peligroso, lo ha sido, más, cuando entre esas tempestades se muestran en seco las decisiones y ese verbo que tanto me inquieta como es: “optar”.
No sé si volveré a ver al señor Luis Quesada (el de la foto), probablemente quienes lo mantienen abandonado en la emergencia del Hospital Raúl Leoni de Guiparo, en San Félix (Edo. Bolívar), están esperando que muera para tener otra camilla libre, otro paciente que transite por ese pasillo oscuro que se ha convertido el pabellón a la muerte.
El señor Luis, no es él, son muchos… millones de historias que se repiten. ¡Bah! Que si el Gobierno hace o no hace algo, de verdad, en el momento que el señor Luis (sin conocerme) me dijo que le tomara la mano en un gesto de profundo dolor y soledad, me pregunté dónde he estado yo y los míos. Me preocupa la costumbre, ver miles de rostros como esos repitiéndose en una rutina de pauta. Me preocupa que como periodistas nos acostumbremos a la muerte y al sufrimiento del otro como un “caliche”, porque de ser así, probablemente sólo optar no sea suficiente.
Me toca agradecer el cuestionamiento, que siempre está presente, pero que justo ahora no es casual. No sé si sean las frases repetidas de siempre, el corazón chiquito o esas ganas inmensas que a veces crecen por volver a empezar. Mirarme en esos ojos vidriosos de Luis y proyectar algo con mayor sentido.

Los invito a darle la bienvenida a mi amigo y hermano Eder, se está estrenando justo aquí.

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