Wednesday, August 09, 2006

Quise aprovecharme de la tía Carola, la que es igual a la tía Eugenia a diferencia de que Carola se cree Teresa de Calcuta. La tía Carola tiene una historia catastrófica. El Prozac no le hizo efecto y se cambió al recetario de las misas en la candelaria, a las clases de inglés en el 23 de enero y al sentimiento revolucionario – como dice ella – de corazón. Amar a Chávez en secreto le costó los almuerzos en las mercedes y los chinos de La Florida, las salidas al círculo militar a tomar Cubalibre y de vez en cuando los paseos al bowling con los sobrinos. Desde entonces tiene a Dios agarrado por la chiva con una vida abnegada a la pobreza – a juro – y unas oraciones que de vez en cuando arden en la paila del infierno.


En este país Carola ha aprendido a llevar la ideología con decencia. A morir de vez en cuando con la libertad de expresión - coartada por la misma “población civil”- y otras veces a hacerse la mojigata cuando tiene que agarrar el tren rumbo a la Trinidad. El tinte político la ha hecho multicolor para poder ganarse el pan y un poco del portal del cielo en VTV. Con un poco de “malditos los Yanquis” puedes obtener una franela y se agregas un poco más hasta la gorra, y es que en la IV y en la V esto sigue siendo la misma vaina.


El regreso a Canadá fue un aterrizaje forzoso para los planes de mi tía. Un matrimonio fracasado, un vientre sin frutos, y un claustro en los monjes trapenses hicieron lo necesario para una próxima beatificación con las cartas de algunos alumnos judíos, que sin creer confían en las palabras de Carola. La familia le dio la espalda. Más, ella misma se ayudó con unos cuantos ataques de manía lo cual les confirmó a sus hermanos que Chávez la había endemoniado y convertido en otra. Porque según ella no ha entendido que a los pobres hay que quererlos pero de- le-ji-to.


En consecuencia los tíos del este no se acercan al oeste porque la marea roja ha inundado Sabana Grande “que era un paseo taaan lindo” (este es el cliché de la familia). Farmatodo, MacDonal’s, Zara, el Central Madeirense, y Beco hacen las veces de una vida estable y sobre todo, segura. Mientras menos roce mejor, pero eso sí “viva la tolerancia” que es lo que le hace falta al país, repite tío Jesús a cada instante mientras termina de pagar el kiwi.


Carola sigue yendo al barrio a dar clases de inglés, al cine de la Previsora a ver cine independiente – uno de lo mejores (no puedo decir menos) - y conservando su gusto exquisito por el arte. Del otro lado: el gusto por Miami, por los platos internacionales y Aló Ciudadano. Mientras, yo disfruto por el temor absurdo que tienen los tíos por el rojo de mi cabello tan parecido al de la tía Carola.

7 comments:

  1. Muy buenas esas lineas nel.
    Me gusto mucho...

    Saludos y mosca que una cosa es tener el cabello Pelirrojo y otra cosa es que lo comparen con algo politico ;)

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  2. está fino este post =) la tía carola parece todo un prsonaje.

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  3. Me gustan tus flores de papel, huelen con un aroma honesto que ya casi no hay por ahí, ni siquiera cuando te juran que la rosa es auténtica.

    Nos veremos por tu patio.

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  4. Niña pero que bien escribes lo imaginé todo tan clarito, me gustaron tus entradas asi que volveré por más.

    Por cierto tienes razón, ser mono es fantástico!

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  5. Hola Nelke, ¿Cómo estás? En parte te devuelvo la visita, y ahora es un pretexto perfecto para leer lo que haces en tu blog.
    Acabo de leer este relato armado por impresiones, un relato bien escrito. Con buen tono y un mito, la pobreza en el Oeste.
    No hay que negarle los méritos a los últimos siete años, uno de ellos es el desmontaje del mito del Oeste pobre y el de la clase media de El Cafetal, por ejemplo.

    En Caracas está repartida la pobreza. A veces imagino a este cosmos como un cuerpo donde la miseria ha hecho metástasis, vivo en el Este de la ciudad; -ahora, antes viví en el Oeste, y antes en el centro o el sur - y frente a mi edificio se levanta un simpático monumento a la economía informal, al transporte informal, a la vivienda informal; la vida pues, del caraqueño, ecléctica y miserable.
    La ciudad, y sobre todo ésta, galopa sobre las prefiguraciones, o los clisés, se reinventa en todas sus facetas y a pesar de los prejuicios.
    La exclusión no está parroquializada. No. Ni el poder. Ni la gloria.
    La banalidad de la clase media a veces se deja sentir con todo su peso en la calle Comercio de Los Magallanes de Catia.


    Gracias por este relato, por lo que pones en tu blog, a veces es dificil encontrar un lugar donde detenerse a tomar un café, o a comer una magdalena.

    Espero seguir conversando.
    Saludos,

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  6. Qué bien =)

    Aun así, insisto. Para los personajes de mi cuento las cosas son así, tal cual. Creo que eso es lo más horroroso.

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  7. Hola Nelke
    una gatita gorda caminò por mi blog, me entero ahora que su pelambre es roja
    ¿una gata gordita y roja?
    guauuuuu!!!!!
    bueno te leo.. luego te digo..
    un beso gatica.

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