Thursday, July 26, 2007

_

Hoy vamos camino a cruzar el puente, para ello, hay que atravesar el peaje, soltar dos moneditas de cien y lanzarse sobre la vía. Explicar un poco los años que tomó la construcción de sus vigas, su acampado, y la manera en como acortó las distancias entre en un pueblo de nadie – o de todo – y esta ciudad rayada en lo irónica. Digamos que recorrer esta autopista en dirección Ciudad Bolívar es como el cáncer de la tía Amarilis en el estómago, diría mamá “ni Dios lo quiera”; es cosa de costumbre supongo, al menos es mi ejercicio. Repetir cán – cer , cán – cer, porque ya he dicho que es un temor no superado. A 100 metros a la derecha, está San Jacinto, junto antes del desvío hacia Orinoquia. Para llegar a él se debe cruzar la isleta de arena pisoteada, tomar el impulso atrevido de cruzar la autopista cuando se aproxime un auto al menos a 500 metros a lo lejos. En San Jacinto creo que se quedaron algunas cosas de mi bolsillo y unas fotografías, es uno de esos terrenos que se extrañan porque los metaforizas y acabas creyendo que allí está tu historia. Pero en esta vía se me ocurre pensar en el cáncer de la tía Amarilis, que le están comiendo los pulmones, devorándole hasta el aire; y yo creo que ella terminará por hacer el trabajo más rápido. Los viajes siempre me han dado esa nostalgia, voy acá sumisa ante el desfiladero de arbustos y de vallas revolucionarias. Ya sobre este puente, uno tiene la idea que está enterrando una ciudad y luego inventándose otro pueblo.

2 comments:

  1. te sueltas más en la cronica, aún sigo prefiriendo cuando pones la piel tan sensible con otra evocaciòn que tiene que ver más con las emociones que traes por dentro, un cronista y un fotografo miran de manera distinta, al final el angulo no es lo que importa, sino el resultado estrictamente estetico.

    ReplyDelete
  2. Bello escrito... Gracias.

    ReplyDelete