Friday, August 04, 2006

Te has despertado temprano y observas por primera vez el rojo de los tejados erguidos. La miras dormir, no puedes dejar de mirarla, en realidad la contemplas como los marinos desde los barcos lo hacen con la isla. Te das cuenta de su cara filtrada por un rayo de sol que se mete por la persiana. Piensas que ahí sus sentimientos no son tan profundos, es tuya y es frágil. Recuerdas cuando dijo que no puedes comprender el sufrimiento por haberse hecho mujer tan pronto. Éstas con la luz apagada apenas, extenuado junto a ella por los cuerpos que cayeron rendidos uno sobre otro. Ahora su alma te es familiar y le miras el vientre. Te preguntas Cual es el sentido de la resistencia y admites sin decirle nada sientes celos de los hombres que la aman, pero sabes que para ella el amor sólo vale la pena cuando se trasforma en placer, aunque deje la desnudez desamparada. Sabes que en unas horas deberán de despedirse y te quedarás mirando en silencio como se pone los lentes oscuros y la pierdes. Ahora traes en la tripa la sensación de su espalda y las ganas en punta, con la imagen aquella cuando te dijo – quédate ahí boca arriba sin moverte, te voy a enseñar a vivir- .

A. Mundaca

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